ARTE PICTORICO DE LA REPUBLICA DOMINICANA
Las primeras influencias
europeas en el continente tuvieron lugar en Santo Domingo, con su primera expresión
en Arquitectura, después en la orfebrería y la platería y finalmente en la pintura
y la escultura.
Bajo la influencia del arte, la colonia pasa por varios períodos y recorre diversas
zonas estéticas en la que se mezclan estilos propios y ajenos. El románico,
el gótico, el barroco y el neoclásico se presentan con independencia algunas
veces y otras alternan en una misma obra.
Impresionismo, post-impresionismo, costumbrismo y art nouveau inician el modernismo
en la pintura dominicana. Se destacan Abelardo Rodríguez Urdaneta (1870-1932),
pintor académico, autor de cuadros costumbristas, Enrique García Godoy (1885-1941)
y Celeste Woss y Gil (1891-1985) quien fue la primera mujer en presentar una
exposición individual de sus obras (1924) y quien al establecer la práctica
de copia del natural, en la enseñanza artística, acercó a los dominicanos a
la anatomía criolla; cambio fundamental de la pintura de los años 30.
La pintura dominicana moderna se inicia a principios del siglo XX adaptando
lenguajes nuevos que surgían para proyectar el inicio de una búsqueda de identidad,
de frente a la condición racial, geográfica e histórica.
En 1939, con la llegada de profesores y artistas españoles a República Dominicana,
se funda la Escuela Nacional de Bellas Artes, en la dictadura de Trujillo (que
duró de 1930-1960), de la cual emergen nuevos artistas: Gilberto Hernández Ortega
(1924-1979), Marianela Jiménez (1925), Clara Ledesma (1924), Luichy Martínez
Richiez (1928), Antonio Prats Ventos (1928). Expresionismo, geometrismo, cubismo
y erotismo son las variables que denominan a este grupo.
Entre los años 50 y 60 emergen artistas que desarrollan el arte abstracto dominicano.
Sus principales exponentes son: Eligio Pichardo (1930-1984), Paul Giudicelli
(1931-1965), Domingo Liz (1931), Fernando Peña Defilló (1928), Silvano Lora
(1931), Gaspar Mario Cruz (1925)
Antonio Toribio (1934), Ada Balcácer (1930).
Durante la década del sesenta, el tránsito de la dictadura a la democracia produce
obras donde todo se cuestiona, estableciendo el límite entre lo moderno y lo
contemporáneo en la producción artística dominicana. En estos años se destacan:
Iván Tovar (1942), Ramón Oviedo (1927),
Cándido Bidó (1936), José Ramón Mora (1938), José Felix Moya (1944), Luichy
Martínez Richiez (1928), Antonio Guadalupe (1941), José R. Conde (1940-1987),
Alonso Cuevas (1953), Alberto Ulloa (1950), Domingo Liz (1931), Vicente Pimentel
(1942), Elsa Nuñez (1943), Mariano Ekert (1920), Guillo Pérez (1927).
En los años ochenta y noventa, el desarrollo de la informática y los medios
de comunicación internacionales han llevado a las nuevas generaciones a incursionar
en una propuesta donde lo insular y caribeño, son el sello de identidad de los
artistas dominicanos.